No todo lo que brilla…

“Bienaventurados los que…porque…” Mateo 5:3-11

Desde que empezó “esta aventura” esperaba el momento de escribir sobre las mas famosas de las bienaventuranzas; me parecía que se diferenciaban de las demás en que aquellas (i) provenían de Dios –Su Elección, entre otras- o (ii) de alguna conducta de la persona –como el caso del Salmo 1-; es decir, condiciones externas a la persona (algo que tienen o que hacen), mientras que estas se referían a una condición interna (o sea, quienes son) por la cual Dios los bendice.

Sin embargo, como dice el refrán “no todo lo que brilla es oro” y finalmente me percaté de que en realidad, tienen que ver con la obra de Dios en nuestros corazones pues, las virtudes que describen y, a consecuencia de las cuales Dios bendice a las personas que las exhiben, no provienen sino de Dios ya que “Él es quien produce en nosotros el querer como el hacer por Su Buena Voluntad” (Fil. 2:13); además, según la Biblia “no hay justo ni aún uno…no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Rom.3:11-12).

Por lo tanto, cada vez que nos creamos que somos una “monedita de oro” como las de la imagen, recordemos que debajo de esa “cobertura dorada” se encuentra algo tan oscuro como el chocolate (y es nuestro pecado) tal como dice la canción de Jesús Adrián Romero “si me vieran tal cual soy se enterarían que es Jesús, lo que habían visto reflejado en mi, tan solo fue Su Luz”.

Las “Mas famosas bienaventuranzas” nos permiten ver (i) la Obra de la Gracia de Dios en los corazones y cómo a la larga, (ii) El bendice a quienes Su Gracia Él les otorga; es decir, se trata de “gracia desde el principio y gracia hasta el final” como se tituló un sermón de un pastor invitado a nuestra congregación. A estas “famosas” se les ha llamado “Las Llaves del Reino” porque la primera y penúltima promesa de bendición es precisamente “El Reino de los Cielos”.

A continuación las evidencias de SU Gracia que nos dan el derecho de ser llamadas “bienaventuradas”:

1.       Pobreza espiritual: Es reconocer que sin El no tengo esperanza de salvación por mi pecaminosidad y bancarrota espiritual.

2.       Lagrimas: ocasionadas por la “tristeza que conduce al arrepentimiento”.

3.       Mansedumbre: Humillarse delante de Dios confesando nuestras faltas.

4.       Hambre y sed de justicia: Aceptar nuestra injusticia y necesidad de la Justicia que es por la fe.

5.       Misericordiosos: Ser un vaso de misericordia por donde fluye la misericordia que ha recibido de lo Alto

6.       Limpieza de corazón: Clamar como David en el Salmo 51 “¡Lávame más y más de mi maldad
y límpiame de mi pecado!... Purifícame con hisopo y seré limpio; lávame y seré más blanco que la nieve”

7.       Procurar la paz: ser participes del ministerio de reconciliación con Dios

8.       Padecimientos de persecución por causa de la Justicia

9.       Recibir insultos por Su Nombre

Las promesas de bendición?  Son eternas!!  Es el Reino de los Cielos, ser hechas hijas de Dios,  heredar la tierra, ser consoladas por el Consolador, ser Justificadas, ver a Dios, alcanzar misericordia.  Y todas estas son las consecuencias de aquello que El hace en lo profundo de nuestros corazones; El nos quebranta para bendecirnos!!

Para reflexionar: Tenemos la certeza de que como decía el apóstol Pablo “yo sé que en mi, no mora el bien…sino el pecado que esta mi”? o nos creemos monedita de oro, ignorando que Su Benignidad nos guía al arrepentimiento?

Donde todo comenzó…

“Bienaventurado aquel cuyo Ayudador es el Dios de Jacob” Salmo 146:5

Para aquellas que somos dominicanas, el titulo de la reflexión de hoy, nos recuerda la promoción  turística de que nuestro país es donde “todo comenzó…” específicamente la ciudad de Santo Domingo, llamada la “Cuna de América” y “Ciudad Primada de América” por haber sido la primera ciudad que se convirtió en centro principal de los colonizadores españoles y donde se edificaron la Primera Catedral, la Primera Universidad, la Primera Corte de Justicia, el Primer Hospital, el primer monasterio en el denominado “Nuevo Mundo”.
Todas esas “primicias” conllevaron que la UNESCO declarara la zona colonial de nuestra capital, como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Sin embargo, en el caso de nuestra reflexión, esta frase no esta relacionada con promoción turística alguna pero sí con historia (no de nuestra ciudad, claro está)…aquella del “Paseo de la Mujer Bienaventurada” que hemos compartido durante este 2012.
En una entrega anterior, relaté como inicio este hermoso paseo por el “jardín de la bienaventuranzas”; pueden encontrarlo en el siguiente link: 
 http://www.salmos375.blogspot.com/2012/05/como-inicia-el-paseo-de-la-mujer.html .

En esta ocasión nos referimos al versículo “cuna de la mujer bienaventurada” o “versículo primado de la mujer bienaventurada” y es el que encabeza esta reflexión, el Salmo 146:5.
En el mismo, el salmista proclama que es bienaventurada la persona que tiene al Dios de Jacob como su Ayudador; la raíz hebrea de esa palabra es “ezer”, la misma que se utiliza en aquella frase “eben-ezer” que significa “hasta aquí nos ha ayudado Dios”; y es la que describe el diseño de la mujer en Genesis __- cuando Dios dijo que le haría “ayuda idónea” a Adán.  Por lo tanto, en nuestro diseño como mujeres tenemos el privilegio de compartir uno de los calificativos de Dios mismo.

Si observamos el salmo encontraremos que el salmista primeramente proclama que no debemos poner nuestra confianza en las personas –aun aquellas a quienes consideramos “poderosas”- pues, en cualquier momento pueden perecer…y ni siquiera pueden ayudarse ellas mismas; en contraste con Dios Quien es Eterno y Todopoderoso.
Luego nos presenta las razones por las cuales somos bendecidas/dichosas al tener a Dios como Aquel que nos ayuda:

-     Dios es Todopoderoso: Hizo los cielos y la tierra: aquí casi podemos escuchar la pregunta “hay acaso algo imposible para Dios?”; pero también nos hace pensar que si El creoh TODO de la NADA; de nuestras “nadas” (carencias, imposibilidades) EL puede solucionarlo TODO.

-     Dios es confiable: pues, guarda Sus Promesas; mantiene la verdad para siempre; contrario a los seres humanos quienes, en la gran mayoría, somos de doble ánimo.  

-     Dios es Justo:  defiende a aquellos que son maltratados;

-     Dios es Proveedor: Da pan a los hambrientos; no solo el pan material sino también el espiritual;

-     Dios es Nuestro Libertador, Nuestra Luz, Nuestro Sanador, Nuestro Restaurador, es Amor,  Defensor de extranjeros, de viudas, de huérfanos.
La referencia al “Dios de Jacob” nos hace recordar los múltiples problemas en que dicho patriarca se vio involucrado y cómo Dios siempre vino en su ayuda. En medio de nuestras tribulaciones, desesperanzas, problemas y aflicciones clamemos como lo hizo David en el Salmo 30:10 "Oye, Jehová, y ten misericordia de mí; Jehová, ¡sé Tú mi Ayudador! "Para que entonces podamos contarnos entre las bienaventuradas a que alude nuestro versículo “primado”.

Habiendo reflexionado en las diferentes maneras como Dios nos ayuda, terminemos “donde todo comenzó” en este Salmo 146: ¡Alaba, alma mía, a Jehová!  Alabaré a Jehová en mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras viva”.

Qué tienen en común un regalo, una flecha y una bendición? Un salmo!!


En la entrega anterior leíamos que entre las bendiciones que el rey David incluía en sus peticiones a Dios se encontraba la relativa a los hijos (la próxima generación).

En esta ocasión nos referimos a la bienaventuranza de tener “muchos hijos”;  conozco de casos en que personas sin hijos cuando escuchan el versículo 3 del Salmo 127 que dice “Herencia de Jehová son los hijos…”  han considerado que a ellos “Dios los ha desheredado”; sin embargo, recordemos que si bien no todos tenemos hijos biológicos, podemos disfrutar la bendición de tener hijos espirituales. Si no me lo creen, revisemos la vida del apóstol Pablo quien consideraba a Timoteo no solo como su hijo sino también:

a)     1 Cor. 4:17” “…mi hijo amado y fiel en el Señor…”

b)     1 Timoteo 1:2 “…verdadero hijo en la fe…”

c)      2 Timoteo 1:2 “…Timoteo, amado hijo…”

 Así mismo, al referirse a Tito lo calificaba como “verdadero hijo en la común fe…” (Tito 1:4); así mismo, el apóstol Juan en sus cartas se refiere a sus discípulos como “hijitos amados”.  Por lo tanto, la bendición de que trata el Salmo 127:5 no tiene que limitarse a aquellos con hijos biológicos sino también espirituales.

 El salmista compara los hijos, primeramente, con un regalo y una herencia; y posteriormente, con flechas. Al recibir un regalo, lo hacemos con gozo, tenemos cuidado al abrirlo evitando que no se rompa, lo atesoramos; lo agradecemos. Esas mismas acciones debemos tener al recibir el regalo de tener hijos.

Cuando el salmista se refiere a que los hijos son como “flechas en manos del valiente” dice “Feliz el hombre que tiene muchas flechas como esas…”; la flecha ha sido utilizada tanto como instrumento de caza como arma de guerra; en nuestro contexto, se refiere al ultimo concepto –arma de guerra- pues, en diversas traducciones “el valiente” es definido como un “guerrero bien armado”. 

 Por ende, nuestros hijos pueden ser un instrumento que Dios utilice para protegernos en diferentes circunstancias, tal como indica la parte final del versículo 5 “no será avergonzado por sus enemigos cuando trate con ellos en los tribunales” –o se defienda ante los jueces, según otra versión-.

Según algunos medios consultados, para controlar el vuelo de la flecha hacia el objetivo, es necesario dominar nuestro cuerpo y la técnica. Igualmente ocurre con nosotros que para dirigir correctamente “nuestras flechas” necesitamos (i) dominar “nuestro cuerpo” –apetitos, pasiones, deseos, la “carne” como le llama la Biblia- ya que predicamos mas con el ejemplo que con las palabras; pero también, será necesario que (ii) dominemos la “técnica” o sea conocer bien los procedimientos de “manejo y lanzamiento de la flecha” para llevarlos a la práctica con especial habilidad.

En ambos casos, se trata de dar ejemplo; experiencias de vida. Sabemos que no somos perfectos, por lo tanto, cada vez que fallemos delante de nuestros hijos debemos ser “valientes” y reconocer nuestras faltas, pedir perdón y restituir a quien corresponda; saber fallar es parte de la “técnica”.  

En los “procedimientos de manejo y lanzamiento de flecha” encontramos lo siguiente:
  • Para conocer la medida correcta de nuestra flecha necesitaremos la ayuda de otra persona; lo cual ocurre con nuestros hijos, pues, el amor que sentimos por ellos puede cegarnos respecto de sus debilidades; por lo tanto, necesitamos estar abiertos a cualquier consejo que nos puedan dar personas con un caminar recto. 
  • No se coloca la flecha ni se apunta si no tiene un objetivo. Debemos tener claro el camino y la meta por el cual conduciremos a nuestros hijos; para los padres cristianos, en ambos casos, se trata de una persona: Jesus (es el Camino y es la Meta). 

Mi pais esta de luto...y por eso escribo con letras negras


“Bienaventurado el pueblo que tiene esto;
Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová.”
Salmo 144:15-16
En las últimas semanas, en nuestro país se han realizado diferentes manifestaciones contra medidas del gobierno que pretenden cubrir un impactante déficit fiscal heredado de la anterior administración – del mismo partido que ganó las elecciones  el pasado mes de Mayo-.
Entre las imágenes que representan el slogan de la campaña “Mi país está de luto” tenemos la que acompaña esta reflexión, donde vemos una bandera dominicana en la cual se ha sustituido el Escudo Nacional por un lazo negro como símbolo del luto popular; el mismo se ha utilizado en múltiples ocasiones en diferentes países y por diferentes causas; entre las que encontramos, salud, tragedias por actos vandálicos, muerte de alguna figura pública, catástrofes de la naturaleza, entre otros.
Ante dicha sustitución, reflexioné sobre los distintivos de nuestra Bandera Nacional y su significado. Nuestra bandera se compone de los colores azul ultramar y rojo bermellón separados por una cruz blanca:
o   El color rojo representa la sangre derramada por los patriotas para conseguir la independencia.
o   El color azul representa el cielo que cubre la Patria, que Dios protege la nación dominicana y los ideales de progreso de los dominicanos.

o   La cruz central blanca representa la paz y unión entre todos los dominicanos. Según los historiadores, Juan Pablo Duarte –padre de la patria- en el signo de la redención el medio de resolver problema de distinguir nuestra bandera; para significar de este modo al mundo, que el pueblo dominicano, al ingresar en la vida de la libertad, proclamaba la unión de todas las razas por los vínculos de la civilización y del cristianismo.

o   En el centro se encuentra otro símbolo patrio: el Escudo Nacional.

A su vez, nuestro Escudo lleva en el centro, la Biblia abierta en el Evangelio de Juan, capítulo 8, versículo 32, y encima una cruz; está coronado por una cinta azul ultramar en la cual se lee el lema “Dios, Patria y Libertad”.

Fue precisamente este símbolo -que representa el cristianismo- el cual fue sustituido en ocasión de las protestas actuales, en señal del luto de nuestro país.

Aunque la intención de los organizadores de esta campaña es comunicar un mensaje de sentimiento nacional de hastío contra medidas gubernamentales; cuando observamos "a la Luz de Su Palabra" la realidad sobre la actitud de indiferencia, apatía y rechazo de este pueblo a los principios y verdades bíblicas, no podemos menos que pensar que ciertamente ese lazo negro advierte sobre la realidad espiritual de esta nación -nada pudo ser mas representativo-; mientras que los símbolos contenidos en el Escudo no reflejan el diario vivir de esta amada nación. Y es por eso, que en esta ocasión, lees en letra negra.

Cuando leemos el Salmo 144 –donde se encuentran los versículos objeto de esta reflexión- nos encontramos que su titulo es “Oración pidiendo socorro y prosperidad” y se inicia con una declaración de confianza, alabanza y adoración por parte del rey David a Jehová…su Roca…su Entrenador…su Misericordia…su Castillo…Su Fortaleza…Su Libertador…Su Escudo…Quien sujetaba al pueblo que el rey David gobernaba. Luego continúa con una serie de peticiones a Dios reconociendo que su victoria venia de El; pide por las futuras generaciones (hijos/hijas), por protección, por provisión y concluye con la declarando que el pueblo que tiene todo “esto” es bienaventurado porque tiene a Jehová como Dios.  

Si hoy no tenemos todo “esto” es debido a que justamente –como pueblo- no tenemos lo esencial: a Jehová como nuestro Dios.  No tenemos esperanza? Claro que SI!! “volvámonos a Dios como nos dice Jeremías 3:21-22

»Una voz se oye sobre las alturas, llanto de los ruegos de los hijos de Israel,
porque han torcido su camino,
se han olvidado de Jehová, su Dios.  ¡Convertíos, hijos rebeldes,
y os sanaré de vuestras rebeliones! »

Y, mientras tanto, a aquellos que, por Su Gracia, ya nos hemos vuelto a El, la Palabra nos ordena en 1 Timoteo 2: 1-3:
»…Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias
por todos los hombres, por los reyes y por todos los que tienen autoridad,
para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.
 Esto es bueno y agradable delante de Dios, nuestro Salvador…»

Un botiquín repleto no te sana

De manera sorprendente, nos encontramos en la recta final del “Bienaventurado 2012” y si continuáramos nuestras reflexiones tomando un versículo para cada una, no tendremos días suficientes para concluir nuestro recorrido por el “Jardín de las Bienaventuranzas”; como dice la canción “no sé tú, pero yo…” no me había dado cuenta de cuán florido es este hermoso jardín (o sea, cuán bienaventuradas –felices/dichosas/bendecidas- somos aquellas que por Su Gracia hemos sido llamadas Sus hijas).

Con el propósito de “aprovechar bien el tiempo” que nos resta en este año, hemos preparado unos ramilletes de bienaventuranzas tomando en cuenta el tema que tratan. En esta ocasión corresponde al ramillete de “la obediencia”.

Este ramillete está compuesto por flores de los Salmos (119:1-2; 128:1); de Proverbios (8:32-34; 28:14; 29:18), de los Evangelios (Lucas 11:28; Juan 13:17), de la carta de Santiago (1:25) y hasta de Apocalipsis (22:7).

Que tienen en común estas “flores” para que las coloquemos en el mismo ramillete? Todas nos permiten disfrutar el grato olor de la obediencia presentada en sus fragancias “temor a Jehová”, “andar en Sus Caminos”, “guardar Sus Testimonios”, “guardar Su Ley”, “escuchar Su Voz”, “oír Su Palabra”, “practicar lo aprendido”, “ser hacedores y no solo oidores”, entre otras.

Observando este ramillete nos damos cuenta que ni por “saber” ni por “oír” la Palabra ni la obra de Jesús seremos llamadas bienaventuradas; sino que la “dicha” llega cuando la ponemos en práctica.

Cuando nos quedamos en la primera parte (saber/oír) es igual a ser diligentes en visitar el médico al sentir alguna molestia; salir del consultorio y comprar las medicinas que nos haya indicado y luego llegar a la casa y guardarlas en el botiquín sin tomar la dosis que se nos recetó; como si fuéramos a  ser sanadas por el simple hecho de llenar nuestro botiquín de cuantos medicamentos nos haya indicado el médico.   

Recuerdo una ocasión en que alguien me confrontó diciéndome “tú crees que porque compraste la medicina te vas a sanar sin tener que tomarla?” Lo mismo ocurre con  la Palabra; erróneamente pensamos que por “saberla/conocerla/oírla” es suficiente; sin embargo, la misma Palabra es clara diciéndonos que si no la ponemos en practica “nos engañamos a nosotras mismas”; por lo tanto, quien así haga, no será llamada bienaventurada.

Tenemos que reconocer que en ocasiones el “medicamento” que se nos ha prescrito tiene un sabor “amargo” por lo que preferiríamos evitarlo –o por lo menos hacer creer a los demás que lo hemos tomado aunque a la menor oportunidad nos deshacemos del mismo-.

Una anécdota de mi niñez nos ilustra mejor. Todas las tardes debíamos tomar una cucharada de Emulsión de Scott –aceite de hígado de bacalao- luego de ingerirlo, yo aparentaba estar muy “tranquilita” como si nada hubiera pasado; pero tan pronto la persona daba la vuelta, salía corriendo a la galería para tirarlo…hasta que un día me siguieron y partir de allí, debía abrir la boca para que comprobaran que no estaba “guardando” nada.  De haber continuado con esa práctica, probablemente mis defensas se habrían fortalecido y cualquier virus de gripe hubiera podido atacarme más fácilmente; pues, la bienaventuranza no provenía de tener la emulsión en el botiquín ni de ingerirla a medias o superficialmente.

Para meditar: Tengo el botiquín repleto (es decir, mucho conocimiento de la Palabra; asistencia a charlas, retiros, conferencias) pero pocas veces ingiero las dosis recomendadas por el Doctor Divino (obedecer/guardar Sus Mandamientos)?

“El carácter de la persona recta”

“¡Aleluya!
Cuán bienaventurado es el hombre que teme al SEÑOR, 
que mucho se deleita en Sus mandamientos.”
Salmo 112:1 

 Este salmo fue escrito por un levita (un adorador al Señor) encargado de comenzar el servicio para alabar a Dios. El empieza adorando a Dios y se goza en ser tan bienaventurado de estar de pie ante Su Inmensa Presencia. Algunos puntos que podemos destacar  de este texto:

 1.         Habla del carácter de quienes se deleitan en gran manera en Sus mandamientos.

2.        Estos no se consideran esclavos sino hijos, por eso no les resulta gravoso o pesado deleitarse en Su Ley.

3.        El hombre que teme a Dios es recto, sincero, compasivo y leal hacia EL.

4.        Hay una dicha en poseer un carácter recto.

5.        El temor a Dios produce gozo en el corazón.

6.        Hay un deleite en el corazón que anda rectamente delante de EL.

El gozo del salmista  me impresiona cuando escribe sobre el verdadero deleite de andar rectamente delante de la presencia de Dios. Vemos como todo en nuestras vidas va caminando de la mano de Dios obrando correctamente, porque sabemos que así le honramos. Este temor a Dios no  significa que nos atemorice estar en Su presencia; al contrario, saber quien Él es, nos hace sentir profundo respeto y reverencia a Su Persona.

Empezando con el simple respeto que pueda existir entre iguales, no se compara con el del Altísimo: “En un reino, un súbdito no respeta al rey del mismo modo que respeta a sus compañeros. Incluso si tiene toda la confianza ante el trono, como nosotros a través de la sangre de Cristo tenemos ante el trono de Dios; incluso si es un hijo del Rey, como nosotros lo somos a través de la fe, sigue siendo un súbdito ante el Rey. Y como a todo Rey se le debe profundo respeto… cuánto más al Rey de Reyes,. En otras palabras, el hecho que seamos hijos del Rey no anula el temor, ni el profundo respeto que se le debe al Rey, al Altísimo; ni lo convierte en un simple respeto, como el respeto entre iguales.

Por otro lado, el hijo de un rey de ninguna manera se acercaría al rey como lo haría un extraño. Un hijo no se acercaría al rey con terror sino con confianza, sabiendo que está hablando con su amoroso Padre. Al mismo tiempo y como ya dijimos antes, el hijo también se acercaría con profundo respeto reconociendo que no se está acercando a un colega sino a su Padre, quien a su vez es el Altísimo, el Señor de Señores y Rey de Reyes. En otras palabras, el hecho de que seamos hijos del Rey también significa que el temor del Señor no se entienda como  terror ni tener miedo del Rey. Más bien, debe entenderse como el más alto y profundo  respeto que deben los hijos al más amoroso Padre, quien a su vez es el Creador de todo, el Altísimo.”

Un verdadero hijo respeta a su padre y en su corazón está el deleite que produce honrarlo con su forma de actuar aun en las cosas ocultas cuando nadie nos ve; así mismo sucede cuando nos referimos a nuestro Padre Dios. El que tiene un carácter recto le teme a Dios completamente en todo lo que haga en su vida y se deleita en ello y la Palabra de Dios nos dice que Él tiene un trato especial con sus hijos al ver esta actitud en ellos. No sé a ti, estimada lectora pero esta porción de este bello salmo me insta, inspira y motiva a tener un carácter recto; a deleitarme en Sus mandamientos por que éstos no son gravosos para mí, sino lo mejor que me puede pasar.

Bendiciones mil,

Katerine Fdez.

La pela de Dios (parte 3)

Por: Bellisse Bernal

Hermana, en el Nombre del Señor, dispóngase a tomar consejo:
  •  Desde el principio, sépalo manita, “uté no es la protagonista”. Jesucristo lo es, y lo será una y otra vez. Usted es la que está agarrada del hermoso Actor Principal que la lidera en ese cuarto a hacer lo que Él designe. “Guarda silencio ante Jehová, y espera en Él” (Salmo 37: 7aBRV60 ). Sucede que el Actor es el Productor, y a la vez el Director, además de que también es el Guionista; “…puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…” (Hebreos 12:2a, BLA).
  • Mujer, tú eres una terrible actriz. Eres tan mala que no deberías estar en el reparto, pero por Gracia, ahora te encuentras en Su Obra. “Por tanto, hemos sido sepultados con El por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.” (Ro 6:4, BLA). Y no se trata de ropa nueva manita… es corazón transformado por la constante purificación. A la luz de los sufrimientos en la crucifixión, deberíamos decirle a Dios “licúame, tírame, restriégame, abáteme, tó lo que Tú quieras Jefe, yo nada merezco.”
  • Haz caso omiso al público y a tu carne, y comprométete a ir al cajoncito temible y, delante del Señor, ver tu pecado tal cual es. No resistas la bondad de Dios cuando Él desee llamarte la atención hacia tu maldad… Déjate amar: “Hijo mío, no rechaces la disciplina del SEÑOR ni aborrezcas su reprensión, porque el SEÑOR a quien ama reprende, como un padre al hijo en quien se deleita.” (Prov 3:11, BLA)
  • El castigo asegura que verdaderamente eres Su hija… “Pero si estáis sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces sois hijos ilegítimos y no hijos verdaderos” (Heb.12:8, BLA)
  • Hermana, Fil 4:4 "Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!". Cuando pienses en este versículo, no te remontes a verte con una sonrisa en el rostro de continuo, y los pajaritos posándose en tu ventana, y que cuando limpias la casa van a entrar los venados y  las ardillas a ayudarte, como en Blancanieves. O, no. Lo hermoso sería ver un corazón castigado por el Señor y que confíe en que Su Voluntad es buena, agradable y perfecta; y que consecuentemente aquello produzca alabanza. Manita, si Dios te pide que te regocijes, Él no va a ser tan malo como para negártelo. Si hay algo en Su Voluntad que le pides, Él no te la negará. Así que no tienes excusa para no gozarte en Él.
  • Mana, rindámonos a lo que Él desee hacer, y que nos devele los ídolos en el cajón, y que los quite… Como cuando descubriste que si dejabas de correr cuando venían con la chancleta, te ponías mansa y reconocías tu error, el dolor sería menor; porque de alguna forma mamá se daba cuenta de que ya de por sí te dolía tu fechoría. Abandona la fuerza interior que te impulsa a irte huyendo y aguanta, que el Padre Santo, Santo, Santo quiere purificarte (1 Pedro 1:15-16, BLA).
Dios te permita ver estas cosas Beli. Calla tus emociones, ellas te entorpecen mana… comienza a hablarte Verdad, que sólo eso ha de liberarte. Luego, créetela.

“…Con amor eterno te he amado; por tanto te prolongué mi misericordia.” Jeremías 11:3b

De tu querida amiga Belisse.”   

La dulce pela de Dios (Parte 2)

Por: Bellisse Bernal

Seguimos viviendo en un cuerpo pecaminoso; por eso, “Mija”, bájese del “cojollito” del pino cuando vea que una etapa de disciplina ha comenzado, y que la ha asaltado con manos arriba porque usted es fiel al Señor, haciendo Su obra, confiando en Su Gracia.
"Destrépese” del obelisco del Malecón cuando usted piense que es “una sielva que tá ofreciéndose en el miniterio",  y súmele a eso la búsqueda por el Rostro de Dios en lo diario”. Déjese  de orgullosa y recuerde que Dios no murió por justos, sino por gente como usted. Hace la Cruz vana si piensa que por sus obras le pasará por arriba la varita. El “tíquiti-tíquiti” va porque va.
Transliterándolo, el versículo base diría: “Bendito el hombre quien Dios azota para enseñarle Sus Mandamientos”. Como el salmista, debemos  centrar nuestra mirada no en los instrumentos que afligen, sino en las Manos de Dios y Su gran corazón. Esto no fue un antojo del salmista, sino  una promesa de Dios… Bendita promesa. No regatees la disciplina de Dios. El Señor tu Dios quiere hacerte ver Su Bondad y tu maldad.
Recuerdas a Isaías, cuando tuvo la visión de Dios, que dijo “Ay de mí !!!” (Is. 6:5, BRV), cuando vio Su Majestad y quería que lo tragaran las faldas del Altísimo… Y de Jacob, que tuvo aquel sueño con Dios, en donde se le da la dulcísima promesa de heredad; más cuando se levantó no dijo “Qué sueño ni má chévere” sino que dijo “Cuán terrible es este lugar, porque es casa de Dios…”?  Así será para nosotras…
Grafícate como una muchachita que se queda parada, inmutada, absorta, mirando al suelo cuando sabe que el padre viene con el instrumento aquel. Si así lo sientes,  llora… y  llora con  gusto pero “pica” los ojos para que las lágrimas no te cieguen de ver lo que realmente amas y en lo que realmente confía tu corazón cuando el castigo se torna severo. Entrarás al cuarto del reguero donde nadie quiere entrar, para encontrar que todo empolvado, allá en la esquinita, está el cofre de tu tesoro. Abrirlo durante el castigo no será bonito. No será abrirlo en medio de la isla de “lo muñequito” de Discovery Kids con la archi-batallada llave, y gozosa, descubrir que en el exótico cajón hay monedas de oro… y tirarlo “pa’rriba”, y que  aparezca en una esquinita en letra cursiva “The End”… y se va desvaneciendo la imagen con un zoom out de la isla y los protagonistas brincando de felicidad.
“Ai” no manita. Se puede parecer más a un cuarto oscuro en el que trancaron a la protagonista y luego ella fija los ojos en una esquina con un cajón que contiene un objeto que brilla, y ella se dirige temerosamente para allá. Y por más que la sala de cine enterita le grite “No vayaaaa”, “muchacha, juuuye!”, oooye, pero qué “mujel má brutaaaaa”; que no “coja pallá!”. Al final, ella va.

La dulce pela de Dios (Parte 1)

Por: Bellisse Bernal

"Querida compañera:
Te escribo esta carta porque lo que te pasa es importante para mí. Aunque las cartas no se titulan, he decidido hacerlo con esta, y la he llamado: La Dulce Pela de Dios.
Sí hermana, ya sé…
Este título tiene palabras contraproducentes; y ése efecto se intensifica si recuerdas tus años infantiles;  puede parecer absurdo cuando en aquellos años lograste conocer la anatomía de una correa y sus diversos usos, además del Principio de “La Acción y el Efecto”, en donde el impacto del instrumento que choca contra la materia es directamente proporcional al grado de enojo causado al usuario del aparato. Eres toda una científica-física, dale gracias a tu madre.
Acompáñame a profundizar en el versículo 12 del Salmo 94: “Bienaventurado el hombre a quien corriges, SEÑOR, y lo instruyes en tu ley” (BLA), de inicio, una puede pensar que se trata de un salmo tipo 119, donde todo gira alrededor de la Ley de Jehová y el deleite, gozo, limpieza o cura de guardarla.
Pues no “mai frend”. Ooooh no. En esta obra, el salmista se refiere a Jehová como “Dios de las Venganzas” y clama para que se haga justicia contra quienes oprimían al pueblo.  Le pide al Juez de la tierra que se engrandezca dándole al soberbio lo que se merece. Finalmente, el salmista espera en que “la Roca de su confianza” ha de volver sobre los malhechores su iniquidad y los destruirá.
Pero lo chévere del caso es ver cómo en el “medio tiempo” el salmista saca su propia “tajá del bizcochito”. Y es que el acercarse a Dios en términos de Su Justicia es saber que todo el mundo se va a quedá  dao”: el impío para recibir la paga de su malicia, y el hijo de Dios para saberse inútil si no pone sus ojos en Él de forma continua. Y es que el salmo sigue: “Si digo: Mi pie ha resbalado, Tu misericordia, oh SEÑOR, me sostendrá. Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí, Tus consuelos deleitan mi alma.”
El salmo  está  interesantico sí... Más ”alantico”  expresa: “Porque el SEÑOR no abandonará a Su pueblo, ni desamparará a Su heredad. Porque el juicio volverá a ser justo, y todos los rectos de corazón lo seguirán.” No se trata de mi justicia, sino de Su posesión. No se trata de lo que yo aporto, sino de lo que Él ha tomado para Sí por Su Beneplácito y para Su Gloria.  Y es que todo, absolutamente todo, se trata de lo que Él es, no de lo que somos. Se trata de que Él es Justo, y por lo tanto no hay nada más razonable que en honor a lo que Él es, amar y colocar Su Nombre por encima de todo.  “El restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor de Su Nombre.” (Salmo 23: 3, BLA)
 

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